Resaca

Tengo resaca de noches sin ti, de madrugar para no encontrarte a mi lado, de tardes nocturnas vagabundeando junto a ti. Giran las nubes a tu lado, el sol se esconde tras tu sonrisa. Noches en vela esperando en el oscuro desierto,  gráficos que se disparan a tu paso.  Se puede tocar con las puntas de los dedos la empapada pared de lágrimas, resbalan por tus dedos y trepan por tus brazos hasta llegar a tu pecho. Recorren suspiros en mi espalda, me abrazan las partículas que empapan mis entrañas. Agitan mis sentidos ya olvidados…
Se lleva la palma de todas las estrellas que visité. Tiene la mirada más intensa y los labios más seductores. Me enfurece pensar que tras su mirada se lleva todos mis días grises, las noches más amargas y los sorbos de melancolía. Ni siquiera sé a que sabe el aire, pero a su lado me parece melodía serena, notas dulces, presente azucarado. Escuecen las heridas si no estás a mi lado, la morfina que dejó el rastro de tus besos ya no hace efecto sin ti. Madrugar, dormir, vivir, latentes las sonrisas olvidabas queman paulatinamente el alcohol que me bebí y deja a cielo abierto, malherida, mi mirada, mi alma. 
Suenan violines, pianos, trompetas y estruendos. Tormenta, rayo de sol. Anestesia, salgo corriendo. No mires atrás, no huyas, grita mi diafragma pero me escabullo entre el ruido de la ciudad, de esos acordes que penetran en mi cabeza apresuradamente. El furor de la ciudad me aprisiona, me aleja de mí y… pausa, desaliento, exhalación… de ti. Mi piel erizada desvela más de lo que apenas podría susurrar…
Los pasos siguen otros, dónde me guiarán, no quiero, puedo, quiero, no me encuentro, tan solo… me dejo llevar.  

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