Silencio en las mejillas


Hoy el cielo está gris y los sueños fueron oscuros. Lo que era ayer hoy ya no es. Las voces se disipan en el horizonte junto a una niebla espesa. Lo que echamos de menos se cristalizó en pequeños copos que se fueron derritiendo… Hasta alcanzar nuestros labios pasaron muchos acontecimientos, muchas vueltas al reloj de arena de nuestras vidas. Los tiempos cambiaron y yo callé. Me callé bajo las circunstancias que rondaban como ave rapaz girando entorno a su presa. Mis ojos estaban cansados y mis manos temblaban bajo un sol abrasador. La luna sucedió al sol y yo seguía contando las nubes. Nadie había venido a recogerme, nadie esperaba mi llamada ni yo la de nadie. Antes la había echado de menos pero hoy ya no lo hacía. Se había confundido la brisa que traían las estrellas y los recuerdos habían ido a parar cerca, muy cerca.  Nada era lo único que impedía que no quedara más que el silencio en las mejillas, la confusión de la lluvia con las perlas de sal de sus ojos. Pero hoy ya no llovía.

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