Tal vez mañana
Ironías.
Ironías como estudiar la conjugación verbal con el verbo amar.
Rarezas. Comparar una tarde de domingo con un lunes por la mañana.
Oxímoron. Festina lente, inteligencia militar. Un mundo de hombres y un mar de princesas en el foso de nuestros labios.
Tal
vez mañana. Siempre
el mismo tic-tac, el mismo ritmo en la música de mi coche en los
semáforos. Cuantas veces tendrás que echar la llave a la mazmorra.
Se agitan temerosos de su condena, el indulto de los domingos.
Siempre domingo.
Ayer
me gustaba esa manera que tenías de contar las cosas, sería a ti a
quien dejaría que me dieses las noticias, las serias y las más
divertidas. Sería a ti quien dejaría que me acostase cada día, me
arropase y me intense dar los mensajes más alentadores cada vez que
me pusiera nerviosa. Sería a ti quien dejaría que me mirase cuando
sintiera vergüenza y contigo con quien me pasaría los domingos
en pijama. Sería contigo, sí. Sería contigo la fusión de nuestros
planes, de nuestros sueños, de los caminos cruzados. Serías tú el
de lo más interesante, el del ánimo y la esperanza de nunca tirar
la toalla. Estaba segura sólo hasta antes de ayer, cuando bailábamos
aquellos ritmos, por separado. Porque no compartíamos risas ni
miradas, sólo nuestra imaginación. Y no sólo de sueños vive el
soñador, ni el cazador, ni la princesa. Vive de experiencias, de
equivocarse. De tomar el camino más largo, de no coger atajos para
vivir aventuras. De ser ingenuos hasta morir, si es lo que nos
toca.
Era
ayer cuando compartíamos filosofía, canciones, anécdotas lejanas.
Cuando me construía mis propias mentiras. Era ayer cuando las
lágrimas se posaban en mis mejillas y se deslizaban, sinuosas, hasta
abrumar todo mi ser. El
rencor nunca llegó, sólo la soledad de las palabras, el hasta luego
que nunca llegó.
Hoy. Hoy
se iba lentamente, siseando hasta la penumbra, en el umbral de la
puerta me dejó la nota, allí me esperabas.
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