Balas de cadencia
Hace tiempo que cuando camino entre la multitud noto como me rozan en mis extremidades balas de plata, frías y duras como la hiel que supura de mis entrañas. Excoria flagrando la afilada capa de mi dermis. Siento un frío eterno que me empuja a caminar ramblas abajo hacia el mar, aunque nunca llego a pisarlo. Lo anhelo más que nada pero nunca lo llego a alcanzar. Se hace largo el recorrido que hay desde plaza Universidad hasta el puerto. El clásico ritmo plañidero se descompasa por culpa del sollozo feroz de la ciudad. Bostezan mis pasos porque no son capaces de seguir ese estúpido concierto que enlaza nuestras vidas. Fulguran los ojos de la gente que ensaya movimientos singulares, siempre a contracorriente. Me envuelvo de las caras desconocidas, que me observan penetrantes intentando descifrar lo intrincado que hay en mí.
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