Miradas
Ya no quería beber más lágrimas esa noche. Sin embargo, seguía absorbiendo cada una de las miradas penetrantes que los extraños desconocidos posaban en ella. Aunque las consideraba absurdas e hilarantes, no las podía desechar sin más. Deshojaba las miradas en pequeños pedazos y después masticaba con un ritual gesto los detalles de cada una. Las de deseo siempre habían sido escasas. En cambio, abundaban las de novedad, las de magacín deshilvanado. Aquellas que más le gustaban eran las miradas de desabrido carácter. Proporcionaban un misterioso placer instantáneo que duraba escasos segundos.
Comentarios
Publicar un comentario