Palabras de invierno en primavera
Tenía miedo de ser nube y ser volátil como la espuma de la mar.
Ahora gris, ahora clara y viceversa. Sustanciales lágrimas caían y
rebotaban en el suelo. Inundaban los socavones del duro asfalto y
salpicaban los parabrisas. El tránsito se amontonaba, se aplastaba, se
descontrolaba. Los semáforos cambiaban de piel tanto como tú y los
cristales se empañaban paulatinamente. En la otra punta de la ciudad,
una niña dibujaba un corazón en el cristal de un taxi descolorido. En
el centro, dos enamorados discutían entre paraguas negros, no les
sentaba bien la lluvia y tantos cielos desvaídos Mientras, un
niño se embelesaba en los escaparates llenos de luz y color mientras
la que parecía ser su madre le acuciaba. Una pareja hacía el
amor en un colchón apoltronado en el número 21 de un edificio de
hace más de cuarenta años. Sin embargo, yo me quería ir de allí
antes de que me alcanzara la lluvia que goteaba de las nubes, las que me
atormentaban y me nublaban a mí. Ya empezaba a calarme. Salí
corriendo entre los charcos y los sapos de la ciudad.
Nueve
días después te escribo que quiero ser el ave que pasa volando por
tu ventana y el viento que sopla en este otoño. El viento que hace
revolotear las tristes hojas de los plataneros de la ciudad y el que
te escribe cartas por las tristes noches de noviembre. Cuatro pares
de calcetines, las gafas de sol, algo de valentía. Ya podemos irnos.
En ruta y hacia el sur, que llega el invierno y quiero que me cantes
sonetos mientras volamos los dos.

Comentarios
Publicar un comentario