Nocturnancia
Y
de repente no tengo nada que decir. Nada que escribir. Y las noches
se mueren y los días se estancan. Silban las hojas de los árboles
una melodía que sabe a mar en pleno bosque. Pero a mar enfurecido,
amotinado. Oscurece pronto y busco en el cielo las coordenadas. Con
el cielo me pasa como con tu espalda: con tantas pecas me desoriento.
Y entonces el cielo se ofusca al desnortarse mi conciencia. En aquel
momento siento un leve mareo a través de un romo vahaje. Y empiezo a
prologar.
Comentarios
Publicar un comentario