Destino


Resbala por la faringe dejando un regusto cítrico con gotas amargas. Pausa. Mira alrededor y se esconde entre las páginas de un periódico desgastado, mal doblado. Te necesito más que al chocolate fundido, rezaba por dentro la chica que esperaba junto a él en la sala de espera. Seis. Seis sillas, cuatro revistas, una planta marchita. Hilo musical aborrecible en el ascensor. Como si eso nos hiciera más felices. Agrío. Por fin sale por la puerta principal, respira el ambiente hediondo de la ciudad, una mueca de infelicidad y cuatro pasos inquietos antes de decidir el nuevo destino. Destino.



La boca devoradora del metro se tragaba a los transeúntes sin parar y escupía a pares los desamparados que ya habían llegado a su destino. Como si existiera el destino. Empieza a bajar escaleras y recorrer pasadizos. Ahora tenía que atravesar media ciudad sin saber qué era lo que estaba buscando ni lo que esperaba. Los pensamientos corrían por la ventanilla con ligereza y como las liebres, saltaba entre las canciones del ipod hasta las canciones del alma. We can run into time. You can call me Monday afternoon but I can't stand be without you. Why I am thinking in English? That's sickengly sweet. Cuatro paradas más. Los pecados se erizan en la piel de los herejes, de aquellos que no respetan la religión del batir de tus pestañas. No saben en qué día cae pascua porque cada día celebran con brindis el nuevo día que les acompaña. No saben lo que es amar y dan lecciones de romanticismo, de cómo ligar, de cómo camelarse a una nueva dama cada noche, de cómo la acorralaba y se la metía hasta el fondo hasta que la echó de la cama. Demonios en mis entrañas. Ya casi estaba. Las noches son difíciles. Cada día se me acibara más el carácter. “Ambrosía y miel /Capaz de endulzar la hiel/ Que acibara el corazón./ ¿Te aflige la soledad?”*  Había llegado a su destino. Destino. 



*Poema de Juan Arolas Bonet, 
1830 - 1846.  Luis F. Díaz Larios (1982): PoesíasEdiciones Atlas (Madrid). 

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