¿Quién puede dormir si no puede dejar de soñar?


Se me hace un nudo en el estómago. No de ilusión, no son mariposas. Es vértigo. Vértigo a lo inesperado, vértigo a la vida. Llega un momento en el que te plantas y te preguntas cómo te comunicas con la gente.  Ha llegado un punto en el que me cuestiono hasta mi manera de reír. Como estudiante de letras mi barco flota entre apuntes de gramática, pragmática, sintaxis, morfología, fonética... y un sinfín de lecturas. Pero ha llegado ese momento en el que me pregunto qué digo, cómo lo expreso, qué es lo que realmente quiero expresar. Cómo hablo con amigos, familia, conocidos, desconocidos. Qué son mis palabras y otras tantas preguntas sin respuesta  (¿serán efectos secundarios de estos febriles estudios?).
A veces te encuentras estancada. Pero yo no puedo dejar de soñar. De imaginar conversaciones que nunca ocurrieron, personajes, de soñar y soñar... como gotas de lluvia en primavera, se suceden unas a otras hasta llegar esos pequeños charcos. Pero en mi caso no forman charcos sino que llenan vasos que se derraman hasta provocar inundaciones. No obstante, me gusta nadar, y puede que a veces, sin querer-queriendo, me dejo llevar hasta que veo que me hundo. Entonces, intento salir a flote, intento centrarme con mayor o menor éxito. Me siento vagabunda. Soy vagabunda de mi destino, trotamundos de mi cama. Sólo porque los sueños fieros me desvelan, me atrapan. Hace tiempo que me cazaron. Soy su presa, pero en el fondo me siento salvaje, me siento protagonista de un cuadro surrealista en el que han desdibujado unos barrotes de caña y plata...  Pero se amansan con la cruda realidad.

Retomando el tema de la comunicación. Me niego a creer en la tecnología, en redes sociales, incluso en la difusión de lo que escribo en este blog. Tradicional, sí… Pero, haciendo honor a mis contradicciones, uso y me creo cuentas en toda novedad tecnológica que encuentro en la red, intentando no caer en adicciones, pero sabes que te enganchan y que aunque sea una pérdida de tiempo, te ensimisman incluso horas. Lo que nos mueve es la novedad, la innovación. La curiosidad por descubrir. Y eso es lo que deseo para mi vida, pero a pie de calle, soy una más entre la multitud que intenta abrirse camino con cuerpo enano y cerebro de gigante.

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