Cartas y enredaderas
A veces no hay
cosa que me haga más ilusión que recibir una carta. Una carta llena de nuevas
experiencias y viajes. Entonces a duermevela viajo por los mares más profundos
mientras me ofrecen cobijo y bocados de sol. Por cortesía, aunque amenazo al
destino, le sigo la corriente. Ahora bailemos con los calcetines puestos por
toda la ciudad antes de que amanezca o no habrá nada que hacer.
La fragilidad ya
no es lo que era. No se valora la fina línea de las decisiones, sino solo al
valiente que no se atreve a arrepentirse ni a mirar atrás. Sin embargo, yo
bailo en las bifurcaciones de las vías de tren a ritmo constante, ¿eso no es
valentía? Noto como vibran mis zapatos cuando piso con fuerza para dar vueltas.
Y girar y girar. Escribir y gemir debajo de la almohada como el llanto de un
gato callejero.
Anoche nos
encontramos debajo de los automóviles de la calle buscando un rompeolas y
escondiéndome entre los fanales de las calles. Otra vez me encuentro en la
línea que separa la sombra de la luz de esa farola sintiéndose estúpida. Hasta
que apareces tú y pierdo el pulso, el ritmo y hasta la respiración. Desaparecen
los claroscuros, los movimientos, el saber de la razón. Se acabó la gravedad y nos
escapamos de las entrañas de la velocidad. Apuntamos a la diana de nuestras
almas dando en el blanco perfecto. Y ahora a vivir y reír dejando a la intemperie
nuestra vulnerabilidad. Escuchemos lo que nos dicen las farolas que anoche
querían saltar con nosotros. Miremos a la luna y preguntémosle qué le pasaba
anoche. Me impresionaba la luna nueva cuando me seguía por los callejones con
su mirada penetrante y su fulgente guiño constante.
Intangibles
corazones de cera se funden al calor de las noches de verano. Suenan guitarras de
rock en la cama. Cosemos el jergón a nuestros pies y subimos la cuesta de nuestros
sueños. Apaga la luz exhalando las buenas noches. Mañana seguiremos jugando y reptando
por las paredes humedecidas de lágrimas. Las ramas arden a mi paso y me largo.
A la mañana siguiente amanezco con una vida nueva encendida y enredada en mis
sábanas.
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