Me enamoré
de las montañas por querer perderte. Me alisté en el corcho de la encina por
querer soñar por encima de las copas de los árboles. Crucé los valles por
debajo porque por encima volabas altivo y vigilante.
Juntos abrimos
las ventanas y sellamos nuestros sueños. Caminamos juntos y pastamos entre la
hierba humedecida del rocío de la mañana. Entrecruzamos nuestros pasos y
escuchamos el sol despertándose. Entonces nos bebimos la niebla para poder
descubrir nuestro camino y ahí seguimos, bordeando carreteras de puertos de
montaña y deslizando nuestros sueños por ellas. Escuchamos los cantos de los
héroes que atraviesan estos bosques y seguimos sus huellas en direcciones
contradictorias. Acabamos entre despedidas, desbocados y fulgurantes.
Escribo mis
deseos entre las rocas que desgasta el río igual que hace con mi vida. Los ríos que
llaman al mar porque tienen miedo de que se les olvide. Los ríos que hacen
historia y marcan su nombre allá por donde pasan.
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