Cordones umbilicales

Siempre me ha parecido curioso nuestro ombligo. Míratelo, acarícialo, siéntelo.  Cada ombligo es especial, tiene algo singular y a mi me encantan las curiosidades, ¿A quién no?
El ombligo transmite vibraciones, configura mariposas y resetea nuestro organismo cuando lo necesitamos. Como la conexión entre cerebro y corazón, es el mediador entre ambos. A veces incluso nos dirige una señal de advertencia, un empujón o un abrazo inesperado. Otras, nos agujerea el alma hasta lo más profundo de nuestro ser. El ombligo pone de manifiesto nuestra imaginación, el apetito, la pasión, el deseo, el dolor, el amor, la rabia. Es el tiempo unificado en una pequeña cicatriz.  
Enlaza nuestra vida. Atamos hilos de seda a desconocidos, me unen lazos contigo. Sí, contigo, con todos. Nos unen cordones umbilicales como lo hicieron con mi madre en su momento y el cual nunca cortaron. Nos unen señales, miradas, lazos universales. Estos lazos son los primeros que salen a la luz cuando nos conocemos. Cuando piensas que conoces a alguien es que seguramente ya le conocías pero no con los pies en el suelo.
 En algunas ocasiones estos cordones echan raíces. Incluso pueden crear ramas y nos hacen colgar de ellas cual manzana. También hay ese delicado instante en que tu vida se balancea, te mareas y se te anuda tu cordón. Solo cuando vuelves a echar otra raíz y te desprendes de ese hilo tu vida vuelve a la calma. Pero queda la cicatriz de la estirpe de ese lazo, de ese cordón que volverá a buscar el sol entre la maleza. Tal vez también nos sirvan de rayo de sol, para poder ser más fuertes cuando lo necesitamos y para asir nuestra esperanza, nuestro destino.
Cordones umbilicales, esos lazos que inventas cada día…

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