FREE SOUL.
I.
Hace mil que no escribo, pero hay cosas que cambian y otras que no. Tu alma no cambia, tú no cambias, solo son pequeños pasos. El universo empieza a girar entorno a un cumulo de circunstancias que hace que cuando las estés viviendo, te parezca que no hay mañana, pero evidentemente, sí que lo hay, y tu vida sigue dando vueltas, y el tiempo, en su galaxia abstracta y en su propia dimensión, un buen día hace que soples las velas y te pares a pensar en los microsegundos que has vivido, en todas aquellas sonrisas, lagrimas, risas, llantos y más risas que viviste. Y te das cuenta que quieres dejar atrás tanta melancolía, tanta mierda que te has tirado encima durante tanto tiempo. Sólo porque piensas que detrás de esa capa de polvo que has ido cogiendo, hará que te pongas de pie diciendo desde el alto de la cima que ya estás aquí, que eres tú y que vas arriba, arriba, arriba… ¿quién sabe dónde?
No cambiamos, maduramos, somos más libres o nos aprisionamos más. Nos encerramos, nos tapamos bajo kilos y kilos de mantas o bien abrimos las cerraduras, nos dejamos llevar por una fina brisa que te acaricia incluso lo más profundo de tu ser. Y es entonces cuando abres los ojos y quieres hablar, gritar que no te importaría volver a caer, porque sabes que precisamente esa brisa es la que te empujará cuando te hayas deslizado colina abajo.
Nos queremos. Todos y cada uno de nosotros, nos queremos y nos odiamos. Esto hace que en esta peli, los malos no sean tan malos, y los buenos no sean tan buenos. El malo ayuda a ancianas por las calles y el bueno a veces también roba, pero la etiqueta, como si de un perfil de una red social se tratara, se mantiene, puede que por las complicaciones que provoca quitarla (¿alguien ha intentado desetiquetarse en Facebook?). Sin dudarlo, seguiremos confiando en buenos y malos, nos seguirán acompañando a nuestro lado y perdonaremos, rectificaremos y alabaremos todo aquello que creamos adecuado.
Sin temor, nos haremos preguntas como pequeños filósofos callejeros ¿cómo sabremos que es lo adecuado? ¿Haremos caso al corazón?, ¿a la razón?, ¿a los dos? ¿o haremos operaciones matemáticas de probabilidad? ¿Qué son las decisiones? E incluso hay quien se propone descifrar el enigmático sentido de la vida. Sin embargo, ninguna de estas absurdas preguntas nos será de utilidad, porque buscamos siempre el sentido práctico, el “quiero ser feliz”, el “yo soy libre”, “no quiero ataduras”, el “no es mi culpa”, “que haré mañana”, “yo pienso en mi futuro”, y un largo etcétera. Complicado. Pero solo son significantes en ese punto álgido de cualquier pequeña batalla, pero no una tarde de domingo, ni de cualquier otro de los siete días de la vida.
De momento, prefiero seguir presentándome a este pequeño concurso, soy aspirante de la vida, cometa de sueños y esperanzas. Mi mente se compone de imágenes oníricas que me llevan a escalar cada peldaño. Soy la compositora de este pequeño caos, de este desorden desordenado, de cada alma que se encuentra en mi enmarañada vida.
̶ O al menos, es lo que nos gustaría ser.
II.
No somos personajes de cuento, ni hay mayores personas que otras. No somos iguales, quitaros esa idea de la cabeza, pero tampoco diferentes. Sólo somos un compuesto único e indescriptible, miscelánea de experiencias, pensamientos, carne y sueños.
Solo quiero que salga un rayo de sol cuando tenga la piel de gallina por el frio, que me sequen las lágrimas cuando la soledad me esté devorando, algo que me arda por dentro cada amanecer, que me haga sentir en la montaña rusa de la vida. Una vida de olas de mar, de esas que las nauseas son las que te hacen seguir luchando. De días sin salir de la cama, tan solo con una luz celestial atravesando el quicio de la ventana, acurrucada y aferrada a la vida. Una vida para seguir gritando, pisando, observando y entendiendo. Aprendiendo.

Tantas cosas que te quedan por vivir... A veces no sabemos qué hacer o a quién hacerle caso, pero la respuesta más sincera y correcta es : hazle caso a tus sentimientos, pues ellos te llevarán a tu camino, a tu destino. :)
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