Septiembre
Días de viento y de sentir la nada bajo tus pies. Asombrarte después
de sentir nauseas que se atan a tu coraza. Hoy es un día de libros
antiguos en desvanes, de cubiertas amarillas y añejas manchas entre
sus páginas. De cruces de miradas y gritos en los pasillos, de
sensaciones. Heredera de mis secuelas, otra vez regresé. Las
persecuciones en vano se repiten en proyectores, desgajando la vida,
evaporándola. El desgarre del corazón inminente, en todos los
sentidos. Y entonce elijo la lluvia, enigmática, sugerente. Era
trilero de mi vida, sobreviviendo a cada bizarra hazaña. La bravura
corría por las venas tanto cómo sentía el balanceo de mi cuna.
Sabía el linaje del que provenía pero divagaba en el destino,
abriendo nuevas acequias por las que circular. Navegaba leguas cual
pececillo errante mar adentro, en noches de luna llena. Los domingos,
los viajes y la sospecha en la penumbra antes de que las estrellas
tiritasen. Después apoyaba los pies en el quicio de la ventana,
susurrándole eróticos pasajes del libro que leía a mi felino
compañero. Apuraba la última bombilla natural del planeta mientras
las quevedos refinaban mi agudeza. Motor en marcha y la sinfonía
enredadera entre los cristales. Lozanos vientos en la superficie
cubrían el amargo respirar. Emanaban nuevos síes, que era lo único
que ahora importaba. ¿No lo escuchas?
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